Con un total de 155 capítulos, una de las particularidades de Rayuela es la propuesta de lectura que ofrece: la tradicional, del capítulo 1 al 56, y la del Tablero de dirección, saltando y alternando capítulos.
Para quienes quieran revivir algunas de sus más memorables partes, pueden ingresar a "10 fragmentos de Rayuela", una lista con extractos del ibro. Por otro lado, en la lista "10 fragmentos de Cortázar leídos por él mismo", se pueden escuchar, en la voz del propio escritor, extractos de Rayuela y otras obras.
Haciendo clic acá, puede conocerse la historia detrás de la tapa de la primera edición de Rayuela. E, ingresando acá, todas las actividades previstas para celebrar la obra y el centenario del nacimiento de Cortázar, que se cumple el año próximo.
Cuando Julio le puso la tapa a “Rayuela”
La historia de la escritura de una novela suele terminar en la entrega de originales a su editor. Esto no sucede conRayuela. Julio Cortázar dejó constancia de su preocupación por el diseño de la portada. A 50 años de su publicación repasamos este rasgo clave de la poética cortazariana.
Cortázar siempre manifestaba, no sólo con la tapa de Rayuela, sino en incontables oportunidades su deseo de intentar actuar en el campo de las artes plásticas, sobre todo en la pintura. Para ese entonces, obsesionado con la idea de lograr un diseño que permitiera que las tapas estuviesen impregnadas del contenido del libro, recorre las librerías de Saint-Germain-des-Près, para mirar los álbumes de Brassai y otros fotógrafos, en busca de una rayuela. También le insinúa a su editor que puede pedirle a Aldo (un niño prodigio argentino, magnífico pintor) que le fabrique una rayuela, porque “…sea como sea te mandaré algún boceto, foto o proyecto. Tenemos que impedir por todos los medios que nos encajen la rosa en el zapato”, concluye.
Tiempo más tarde le envía a Porrúa una rayuela fotografiada y le cuenta que su amigo Julio Silva le está haciendo una maqueta en base a esa misma foto. Cortázar trata por todos los medios que la tapa lleve impreso el clima del libro “…una rayuela dibujada con tiza en una vereda o un patio. Todo más bien pobre, gris, conventillo, día nublado, mufa...”
Pero no piensa solamente en la atmósfera del libro, sino también en el lector, tanto como Morelli, el personaje de Rayuela que traza la poética en la propia novela.
Cortázar le escribe esta interesante propuesta a Porrúa:
En este extenso (pero iluminador) párrafo se advierte cómo el autor concibe la percepción de su lector, a partir de la visión de la tapa. Cuando Silva le envía, desde París el proyecto, con la rayuela vertical, Aurora Bernárdez, en ese momento su esposa, lo convence de su eficacia diciéndole que “basta mirar la maqueta de Silva para comprender que es mucho más eficaz que el lector vea la rayuela completa cuando agarra el libro, y no que el dibujo se deslice como un gusano alrededor del libro.” Aunque el escritor sigue pensando que acostada es mejor, no se obstina, pues confía en las sugerencias de sus amigos. La preocupación de Cortázar no termina en el diseño sino también en el color de la tapa y pretende que la parte negra entre bastante en la contratapa y le preocupa si encarecería la impresión, pero está convencido que los colores sobre el fondo negro quedan muy bien.
Es evidente la importancia que el escritor concedía a los colores; así, cuando le contesta a Porrúa, quien le había escrito para avisarle que no había recibido la maqueta, para mandarle una “semi-maqueta en blanco y negro, correspondiente a la carátula y al lomo” dice lo siguiente:
“El color corresponde exclusivamente a las letras. Mi nombre (en la tapa) va en azul, Rayuela en amarillo y Editorial Sudamericana (al pie) en rojo. Supongo que se podría cambiar de orden, pero no de colores. Los colores tienen que ser todo lo brillantes que se pueda, para contrastar con el fondo negro.”
Más tarde corrige los colores y en una carta posterior, insta a Porrúa a despreocuparse de la cuestión, admitiendo otra alternativa: “Si el anaranjado que encontraron las chicas es bonito, adelante con los faroles. No te hagas más problemas, por favor.” Aunque nunca cesan sus indicaciones, reconoce que deja la decisión final en sus manos: “Vos serás entonces plenipotenciario para decidir en última instancia.”
Cortázar queda conforme con la portada de la primera edición, en especial después de haber visto, con pocas horas de intervalo, dos o tres novelas en las últimas ediciones de Losada, con tapas "que parecen para escuelas de deficientes mentales”; así lo certifica en una correspondencia, donde, además, se muestra satisfecho porque la tapa termina cerrando con el espíritu de la novela y pregunta ante un diseñador que la pensaba muy inocente: “¿qué quería? ¿Una escolopendra gigante enroscada en el busto de Gilgamesh? La rayuela es un juego inocente, che, y mi libro respira pureza, boyscoutismo y Día de la Madre («la madre, concepto que encumbro», como dice Bioy Casares).”
Poco después, cuando Julio Cortázar le entrega el original de Final del juego a Francisco Porrúa le dice: “...ahora pienso dedicarme a la pintura y a la fiaca. Dentro de once meses tendré 50 años, ya es tiempo de empezar a hacer algo en serio.” Y así fue: sus próximos libros tendrían una fuerte relación con la imagen.
Pasaron 50 años de la primera edición de Rayuela y el año que viene es el centenario del nacimiento de Julio Cortázar, momento de justos homenajes institucionales, aunque sus lectores día a día reconocen la preocupación de Julio no sólo por sus textos, sino también por el diálogo permanente con las imágenes. La tapa de esta novela es sólo la punta del iceberg de toda una obra dedicada a la literatura y su relación con el arte.

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